
Amanece. Los rayos de luz entran por los huecos de la persiana y me despiertan. Solo abro los ojos, me quedo tumbada, sin moverme.
Noto la sábana sobre mi cuerpo, su tacto en mis pechos, y por un momento pienso que es otro despertar en mi cama, tras otra noche en la que me acosté con poca ropa y decidí imaginar que aparecías y no necesitabas desvestirme para acariciarme, porque yo ya estaba desnuda para ti. Sin embargo te siento respirar detrás de mi, me yergo para sentarme sobre el colchón y comprobar que no te has ido, que no te has evaporado.
Hecho un vistazo alrededor, la ropa descansa sobre el suelo y el grifo gotea, quizás desde anoche.Y tú estás ahí, sí, dejándome observar tu cuerpo desnudo junto al mío.
Vuelvo a tumbarme, te acaricio mientras respiro hondo, descubriendo lo que nunca antes había sentido, un sentimiento nuevo, de esos que se dan por primera vez, pero que parecen familiares, como si tu cuerpo hubiese estado intentando inventarlo desde siempre, moldeándolo, dándole forma, para que cuando lo sintieras de verdad no te pillara por sorpresa, así, pero más grande.
Y mientras mis manos acarician tu pelo, recuerdo cada parte de tu cuerpo por la que pasaron mis dedos, cada una de las veces en las que estuviste dentro de mi, recuerdo cada beso que di en tus lunares, cada caricia que regalaste a mi espalda. Recuerdo mirarte a los ojos, agarrar tu mano, notar tu respiración en mi nuca y haber sentido en mi cuerpo dos vidas.
Todo eso mientras escucho apoyada en tu pecho el sonido de tu corazón, como si fuera el motor de todas las cosas.
Afuera también despierta la cuidad sobre suelo mojado, y me doy cuenta de que ese momento es solo mio, que hoy no hay nadie más feliz que yo, porque mientras anoche la lluvia empapaba las calles, yo cambiaba mi vida contigo, una cama y cuatro paredes.
Y ahí estaba el centro de todo, el corazón del tiempo, en una habitación con un ciento-cinco de metal en la puerta, en cualquier lugar del mundo.
Aún puedo sentir tu piel dando calor a la mía, y no necesito nada más, todo lo que importa esta sobre este colchón.
Acaricias mi pelo y me preguntas que en qué pienso. - En aprenderme tu cuerpo - contesto, y es que solo podré darte un número finito de besos y caricias, y tan solo intento que sean tantos que nunca puedas llegar a contarlos, que perdamos la cuenta juntos y conseguir inventar algo infinito.
Tengo la capacidad de echarte de menos sin que todavía te hallas ido, supongo que es porque me gustaría no tener la certeza de que para hablar de lo que estamos viviendo en un instante determinado tendremos que utilizar verbos en pasado, y yo quiero un presente continuo contigo.
Nos levantamos, nos besamos y nos vestimos en silencio, al fin y al cabo es mejor quitar botones que ponerlos. Dejamos llaves y cerramos puertas, y camino sobre el suelo mojado de tu mano.
Un café y te doy el primer beso de despedida, sin embargo no pasa demasiado tiempo hasta volver a estar en esa mesa otra vez, dando vueltas a un descafeinado de sobre con la cucharilla mientras me miras, y yo pienso como será todo dentro de unas horas, cuando se haga de noche y ya te hallas ido, y todo vuelva a quedar vació en mi ciudad.
Me regalas una sonrisa y hablas de porqué no estar tristes. Me gusta escucharte y, de algún modo, es más fácil ser optimista si puedo mirarte a los ojos.
Andamos en silencio a la estación. No digo nada, ni cuento minutos.
Me abrazas y me miras, y en tus ojos puedo leer un "Te quiero" ,"Todo irá bien, nos veremos pronto.", mientras los míos solo dicen "No te vayas, quédate conmigo".
Entonces nos separamos, meto las manos en los bolsillos del pantalón y bajo las escaleras, mientras caen dos lágrimas por mis mejillas, despacio, como si quisieran que el frío las congelase.
Te has vuelto a ir.
Me tumbo en un colchón que ya no siento mío, tengo las manos y la cara fría y pasan los días.
La habitación ya no huele a semen y a felicidad, ya no cabía el mar dentro de tu cama, ahora de noche el silencio nos mata de ruido.La vida a veces escuece, como un disco de Damien Rice. Queda el recuerdo de tu cara en la almohada.