
Nuestro trabajo, nuestra manera de ver la vida, lo que somos y lo que seremos, todo.
jueves, 22 de marzo de 2012
EMPEZAR A EXPLICARLO.

miércoles, 21 de marzo de 2012
Ojos negros, brave soldier.
martes, 20 de marzo de 2012
Cerrando círculos
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!"
Cerrando círculos (Paulo Coelho)
domingo, 18 de marzo de 2012
De lo que empieza.
lunes, 12 de marzo de 2012
AVIONES.

Decían que amar era volar.
Nos conocimos por casualidad, y entre citas por probar una nueva línea aérea y la curiosidad de unas risas compartidas en tierra, pasamos de largo la puerta de embarque y no nos dimos cuenta del despegue.
La siguiente vez que un amigo nos preguntó ya viajábamos a velocidad de crucero en un cielo de sábanas blancas y gemidos. Yo tu comandante, tú mi copiloto. Dejamos que la pasión pusiera el piloto automático y volcamos las manos en otras batallas.
El vuelo fue precioso: paradas en las islas del deseo, hicimos el amor entre nubes, …por fin un acompañante de vuelo. Fue precioso el vuelo. Mucho peor el aterrizaje.
Desatendimos las normas en caso de fallo y sin chaleco salvavidas nos ahogamos en un mar de dudas. Llegó un momento en que empezamos a viajar a 600 malentendidos por hora. Fallaron los motores, la rutina es combustible para otros viajes.
No hará falta buscar la caja negra entre el fuselaje para conocer las razones de nuestro fracaso. Supongo que tenía razón esa canción que hablaba de que un hombre y una mujer son como aviones de papel: vuelan por un tiempo pero al final tiene que caer.
Pero siempre hay más aeropuertos, siempre se puede aterrizar de emergencia en otro presente, en otros ojos, y no puedo evitar plantearlo. Ahora que te tengo enfrente quiero preguntarte si por algún casual aceptarías ser mi copiloto.
Prometo que volaremos. Ya negociaremos otro día el aterrizaje.
