jueves, 22 de marzo de 2012

EMPEZAR A EXPLICARLO.


No sabría por dónde empezar a explicarlo.
Yo venía embalado de un amor sin agujeros que se fue agrietando por culpa de algunas faldas que se anunciaban como diciendo "aquí estarías mejor."
Me vi con veintitantos imaginando que ya no desnudaría otro cuerpo diferente. Entonces, una vez seguido el ejemplo de los hombres que mantienen el instinto real en ti, olvidar los bares y sus muchachas...
Pero la piel me perdió en la carne y el delirio. Ya no llegaría a viejo con ella.
Cambié los sueños por los deseos y rompí la vida en cien mil trozos por la promesa de unos labios ajenos intentando convencerme de que no era así, pensando que habría un fácil viaje de vuelta. Quizá os imaginéis el golpe.
A la segunda mujer hacía varios años que la conocía. No pude evitar nada y solapé los sentimientos, el calor de una con el fuego de la otra. Fui dos hombres durante un tiempo: el que buscaba seguridad y el que pinchaba los airbags.
Por entonces un tipo - y esto es verdad - me dijo: Si tienes un tigre delante puedes hacer dos cosas: huir o luchar y matarlo, las dos están bien. Lo que no puedes es quedarte quieto porque te destrozará.
Y durante meses me quedé quieto, dudando entre el calor y el fuego, la rutina o el desastre.
Mi madre también me habló, - Hijo mío, a veces lo mejor es enemigo de lo bueno.- Y yo ya no entendía nada.
Entre tanto bajé a los suburbios de mi mismo, esos lugares que invitan al placer pero no a la reflexión, y mientras besaba a quemarropa, cada seis minutos me preguntaba si no sería mejor volver a mis veintipocos, al amor confortable, al cuerpo cotidiano, esa plácida comarca sin sobresaltos donde el placer te lo da la seguridad y no el riesgo, volver en definitiva a mi chica, a las emociones pacíficas, utilizar la copia de seguridad de mi pasado.
Con el tiempo entendí que ni lo uno ni lo otro me convenía, pero ya nunca regresé al hogar. Me decanté por la llama de un amor que se resistía a tener adjetivos. Así ella y yo comenzamos una de esas historias de cara o cruz, con la moneda siempre girando en el aire, y todos los castillos de arena, un amor ambiguo donde siempre era la víspera de todo pero difícilmente el día de nada, un viaje tan a destiempo que nunca llagamos al mismo sitio sin que uno de los dos llevara encendidas las luces de reserva de su corazón. Y así mi calle ya nunca más hizo esquina con París.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Ojos negros, brave soldier.


Escaparme en recovecos cada amanecer. Que me encuentres escondida en el armario, que te rías y me digas: espagueti carbonara. En una habitación de paredes blancas, forradas de libros y de fotos de esas que odias que te hagan. Pelea de almohadas cada mañana. Amor de esos de los que no se acaba. Por pensar que te vas, ya me siento libre. No me malinterpretes, libre al pensar que todo esto que siento si veo que te vas, es que te quiero. Sin cadena, ni lastre, ni pasado de vejez del ave que ha vuelto a renacer, solo la idea clara de que tu falta… tu falta es la mía y mis pensamientos desterrados y mis ideas dormidas que ya no valen, y es mentira, y no tengo miedo. Que por tenerlo, te pierdo. Que no quiero perderte. Es a ti a quien veo cuando miro a tanta gente. Tus brazos y tu hombro cuando solo hay agotamiento, y tedio, y mis fantasmas. Las horas del día pasadas en contar cuánto falta para verte. Soñar cada noche que duermes conmigo. Despertarme cada mañana, y pelea de almohadas. Y un baño en la bañera, con mucha espuma y tu abrazo en mi espalda. Cuando es tan sencillo, y no se tiene, hay lágrimas.

Ojos negros; de tanto llorar, grises.


martes, 20 de marzo de 2012

Cerrando círculos

"Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!"


Cerrando círculos (Paulo Coelho)

domingo, 18 de marzo de 2012

De lo que empieza.

No es verdad eso de que no puedo quererte como tú me quieres. Igual es que querer quieren dos, pero nunca iguales. Hay muchas cosas que quiero saber y no sé buscar, ni si me atrevo. Sé que te suena todo esto que te digo, aunque sea bajo, porque sabes que me asusto. Cuánto han cambiado el lirismo y la locura. Como saber quién es quién en esta ladera, sin saco de dormir y al abrigo de una tela colgada de una rama. Pero no me importa porque es diferente todo esto, y tu espalda y tu abrazo y las líneas de ese trazo que te escriben son lo que quiero cada mañana en cada medianoche con tu mano por mi nuca. Y mirarte y que te enredes en mi pelo, que me despiertes y me mires cuando duermo. Y verte yo a escondidas, cuando sabes que te veo, y cuando sé dónde estás si me escapo un ratito porque solo quiero verte. Ven, anda, ven conmigo. Aunque sea en un bar de carretera, o en el vestidor mejor equipado. Solo quiero esa veta verde de tus ojos. Con esa veta verde ya me atrevo a buscar, aunque en dos o tres horas, no sepa. Que si yo no busco guiarás mis manos y si me pierdo estás tú para encontrarme...



lunes, 12 de marzo de 2012

AVIONES.


Decían que amar era volar.

Nos conocimos por casualidad, y entre citas por probar una nueva línea aérea y la curiosidad de unas risas compartidas en tierra, pasamos de largo la puerta de embarque y no nos dimos cuenta del despegue.

La siguiente vez que un amigo nos preguntó ya viajábamos a velocidad de crucero en un cielo de sábanas blancas y gemidos. Yo tu comandante, tú mi copiloto. Dejamos que la pasión pusiera el piloto automático y volcamos las manos en otras batallas.

El vuelo fue precioso: paradas en las islas del deseo, hicimos el amor entre nubes, …por fin un acompañante de vuelo. Fue precioso el vuelo. Mucho peor el aterrizaje.

Desatendimos las normas en caso de fallo y sin chaleco salvavidas nos ahogamos en un mar de dudas. Llegó un momento en que empezamos a viajar a 600 malentendidos por hora. Fallaron los motores, la rutina es combustible para otros viajes.

No hará falta buscar la caja negra entre el fuselaje para conocer las razones de nuestro fracaso. Supongo que tenía razón esa canción que hablaba de que un hombre y una mujer son como aviones de papel: vuelan por un tiempo pero al final tiene que caer.

Pero siempre hay más aeropuertos, siempre se puede aterrizar de emergencia en otro presente, en otros ojos, y no puedo evitar plantearlo. Ahora que te tengo enfrente quiero preguntarte si por algún casual aceptarías ser mi copiloto.

Prometo que volaremos. Ya negociaremos otro día el aterrizaje.