lunes, 24 de septiembre de 2012

El regreso.


Lo peor es la hora del regreso, el sabor a metal de la despedida, dejarte en León, que me dejes en Barcelona. Subir al autobús y de golpe retomar las responsabilidades, los compromisos por cumplir, volver a tener en cuenta al tiempo casi naufragando entre el ruido del motor y los auriculares del hilo musical de ese autobús. La única luna que se ve es el cristal escarchado que tengo por compañero, pues hoy me tocó ventana.
De nuevo buscar la alegría en nuestra complicidad a pesar de la distancia, mientras recuerdo los besos en el frío, el bolsillo que comparten nuestras manos, todo lo que una sola noche puede dar de si.
Otra vez en Barcelona o en León, sin entender bien cómo es posible ser tan feliz echando tanto de menos.

martes, 11 de septiembre de 2012

17 de  Julio, 2012.


Ella mira las montañas, su silueta bien definida por ocres muertos. La representación gráfica de la palabra libertad. Pájaros en su mente. Jaulas. Candados... está atardeciendo en sus ojos color miel.
El aire parece más viciado aquí, cargado de olvido. La cordura tiene trazos de una locura magnética que le venda los ojos en las noches grises. Los planes acartonados de quien solo está de paso por la vida pesan ahora más que las frases edulcoradas.
¿Qué hacer cuando no hay billete de vuelta, cuando los párpados pesan y el miedo muerde tu sueño?
... Cuánto puede equivocarse uno.
Y entre tanto escombro fantasea con mariposas mensajeras de caricias, con ese mundo donde aún existe el paso del tiempo.
Enterrada en su pecho se encuentra la fuerza incontenible del volcán de su esencia, a esa no pueden ponerle barrotes. La tristeza siempre va del corazón hasta los ojos y ella llena de agua salada el papel cuadriculado.
Respira hondo. La vida esta hecha para los valientes, se dice. Y vuelve al campo de batalla.

sábado, 8 de septiembre de 2012

La vida.



Cuando te nombran fracasado del mes y la alegría se olvida de la dirección de tu casa.
Cuando cuadra y la alegría vuelve a llamar y llevas sus besos escritos en la cara, y todos te ven reír con ella.
Cuando el corazón se rompe y se arregla, y se rompe y se arregla...
Cuando un amigo te clava el aguijón del desprecio y el suelo se abre bajo los pies.
Cuando las amistad son cuatro copas rebosantes y te vengas del mundo en su compañía.
Cuando las estanterías del tiempo no aguantan el peso de los años y vuelves a caer en cosas que ya te habían dicho adiós.
Cuando el tiempo se para y te espera y te sube a sus vagones y te hace maquinista.
Cuando algo arranca la puerta de casa y viene tu futuro preguntándote por ti.
Cuando viene el viento y te susurra al oído la palabra primavera.
Cuando el vaso estalla. Cuando encuentras pegamento para curar los agravios.
La vida... la vida.

A galope.


Corrimos demasiado. Quisimos a galope, y esa es la mejor forma de querer para verlo perderse en cualquier esquina de la historia. Si al menos hubiéramos sabido hacía donde corríamos...
Y ya no quedó más tiempo para cambiar las líneas de las manos, ni área de descanso donde recurrir al mapa. Sólo besos paliativos, urgencia, adicción. Y entender que no, y dejarnos precipitadamente, a galope,
y no volver a conducir por tus arterias, y salir del hielo volviendo a llamar pidiendo un nuevo asalto.
Decías: la madera siempre quiere arder.
Por mi memoria pasan ahora los buenos momentos como una manada de elefantes tristes que tardan horas en salir de nuestra vista, y no acierto a saber si fue amor o ganas de arder, ni por que nuestro futuro siempre estuvo tan mal peinado, si la palabra nosotros alguna vez rimó con sosiego, si busco en otras bocas lo que tuve contigo o lo que no llegué a tener.