Lo peor es la hora del regreso, el sabor a metal de la despedida, dejarte en León, que me dejes en Barcelona. Subir al autobús y de golpe retomar las responsabilidades, los compromisos por cumplir, volver a tener en cuenta al tiempo casi naufragando entre el ruido del motor y los auriculares del hilo musical de ese autobús. La única luna que se ve es el cristal escarchado que tengo por compañero, pues hoy me tocó ventana.De nuevo buscar la alegría en nuestra complicidad a pesar de la distancia, mientras recuerdo los besos en el frío, el bolsillo que comparten nuestras manos, todo lo que una sola noche puede dar de si.
Otra vez en Barcelona o en León, sin entender bien cómo es posible ser tan feliz echando tanto de menos.


