A veces vienes por la noche y tu olor se cuela entre mis sábanas como un beso sin saliva. Parece que los kilómetros de distancia aumentan de forma directamente proporcional mi dificultad para respirar sin ti, y la vida se me hace más cuesta arriba. A veces, también, vienen mis fantasmas a perseguirme, a desmoronar mis seguridades y cubrir mi cabeza de mentiras absolutas y dudas, trayéndome recuerdos amargos y lágrimas grises, intentando que de un paso en falso y caiga de nuevo en el mismo bucle sin forma.
Me pregunto a media voz si no sería más fácil volver a la tristeza maquillada de antaño; es como si por un momento todas esas cosas en las que creo, esas verdades que me se de memoria se esfumaran entre mis dedos y la obsesión me llenara la mente de porqués. Es como si por un instante se tambaleasen mis razones y motivos y se hiciese más difusa la linea divisoria entre el bien y el mal, y en una fracción de segundo volviera a mi cuerpo ese miedo que se apodera de mis sentidos y me hace perder la noción de mi objetivo, de mi meta, en una sucesión caótica de excusas que me pongo a mi misma para convencerme de que lo malo no es tan malo, una voz que acalla mi conciencia y de forma sutil, casi imperceptible, me engaña para cometer ese error que destroce todo el esfuerzo de meses por una promesa imposible. Es en esos momentos cuando mi fuerza de voluntad pende de un hilo, cuando me veo atrapada en esa batalla continua que algunos días parece tan lejana en el tiempo y sin embargo otras veces me desequilibra y atormenta tanto como antes.
Me gustaría poder dejarme de figuras literarias, frases retóricas y corrección ortográfica para decirte que necesito, con palabras mas mundanas y coloquiales, que me ayudes a salir de esta mierda que me está jodiendo la vida, que me guíes para encontrar el camino de vuelta, y sacar de mi mente la palabra -desconsuelo-. Solo cógeme de la mano y quédate conmigo hasta que recobre la calma y vuelva a ser uno de esos días en que todo parece posible y las fuerzas no me flaquean; quédate conmigo hasta que consiga volver a ver la luz y regrese a mi la seguridad de que un día podre quererme con todo, por todo, y no me persiga la idea de buscar el modo de cambiarme por fuera. Solo quédate, quédate.