La lluvia tras
los cristales, hace que se ponga a reflexionar sobre sus pensamientos en el
ascensor:<<La idea de cambiar de
ciudad para trabajar, se ve lejana ahora en el tiempo. Como una idea lúgubre,
pasada y oscura.>>
Y
quién diría que hace un par de meses era lo único que mantenía su cabeza activa, pensando ideas y excursiones,
mirando pisos,… Ahora todo queda en un abismo abstracto. Ni el día a día es
igual, avanza, cambiante, sencillo, ilegible, sin saber que pasa, y sólo la
historia de un libro entre las manos es capaz de llenarle la cabeza de
pensamientos. Pensamientos ficticios que no forman parte de su vida. Esa
historia es la única capaz de sacarla de su mundo real, y dejarla por unos
momentos desaparecer de su mundo real, donde nada le incentiva, ni llena el vacío
que siente.
Sus brazos
rodean su cuerpo abrazándolo. Sólo ella puede consolarse, nadie sería ahora
capaz de entender el desierto en el que se encuentra. Comprende lo que le
falta, pero no es algo que se pueda pagar con dinero, que con solo abrir la
boca y mencionarlo aparezca, sino que llega con el tiempo en un momento
indeterminado y sin avisar, dicen que no lo has de esperar, porque si no, no
aparece, pero cuando es lo único que quieres, sólo puedes desear que esa parte
de la Ley de Murphy no se cumpla. Mientras, seguirá esperando en la sombra,
tras el reflejo del cristal, viendo la lluvia caer y el tiempo pasar. Consumiéndose
en su libertad.




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