Sabes, esto no es eterno, en esta vida todo tiene un precio, una recompensa, un fin y una meta. Puedes buscarlo más allá de tu ombligo, o puede ser totalmente interno e intrínseco, pero incluso a veces eso de ser "bueno", cansa. Si el reforzador tiene menor valor que el esfuerzo, entonces la conducta, cesa.
Bien, qué pasa entonces, qué va a pasar cuando te encuentres solo, perdido, vacío y como siempre, te sientas pequeñito y yo no voy a estar, ya no tendrás esa fuerza que me fabrico cada madrugada solo para entregártela a ti, ya no tendrás esa sonrisa cosida en la cara a base de jirones de mi piel, te faltarán las ganas que te cocino cada día de desayuno y sobre todo, te faltarán mis besos, que como todo buen entendedor sabe, son una puta sobredosis de energía.
Y en ese preciso instante en el que me siento dueña de tu vida, me
paro a pensar qué ocurrirá si soy yo la débil, si soy yo la que se cae y se le olvida como se puede levantar. ¿Quién me va a secar las lágrimas?¿Quién me va a decir que yo valgo más que un nada? Dejarás de lado tus miedos, tus fantasmas, tus rencores. Dejarás a buen recaudo tus preocupaciones, ¿si? Sí, yo lo sé.

Quizá haya un día, en el que ni tú ni yo estemos, que haya muchos kilómetros de por medio, pero distancia de esa, que separa no solo físicamente, sino también los corazones y no tengamos a nadie más que apueste un duro por nosotros y no nos toque otro remedio que agarrarnos bien fuerte a cualquier resquicio de autoeficacia que nos quede y llegar hasta lo más alto.
Pero hay que joderse, hoy por hoy, No puedo perderte, así que déjame sujetarte de la mano para sentirme un poco más valiente, un poco más fuerte y si quieres, te presto la mía y nos sentimos juntos, los reyes de nuestro mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario